A veces el poder redacta su propia acusación sin advertirlo. Eso hizo Claudia Sheinbaum al publicar un mensaje contra el regreso de Rubén Rocha Moya. Lo presentó como una lección de ética pública; leído junto al archivo de sus declaraciones, parece una confesión involuntaria.
En agosto de 2024, después de que Ismael “El Mayo” Zambada afirmó que había sido llevado con engaños a una reunión con Rocha, Sheinbaum no habló de prudencia ni de servidores públicos “intachables”. Viajó a Culiacán con López Obrador, compartió el templete con el gobernador y declaró: “Vamos a seguir apoyando al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya”. AMLO remató otorgándole “toda la confianza”.
Dos días después, Sheinbaum fue más clara: “Nosotros le creemos al gobernador”. Lo llamó compañero del movimiento y aseguró que la gente lo quería. Semanas después volvió a Sinaloa junto con López Obrador y Rocha. El mensaje era inequívoco: estaba bajo protección presidencial.
Los indicios no comenzaron con Zambada. La elección sinaloense de 2021 fue impugnada tras secuestros de operadores, amenazas, robo de urnas y presencia de grupos armados. Ahora, una acusación judicial estadounidense sostiene que Los Chapitos ayudaron a Rocha a conquistar la gubernatura a cambio de protección e impunidad. Rocha lo niega: es una acusación, no una sentencia. Pero Sheinbaum no esperó sentencia para absolverlo políticamente.
Cuando Washington formalizó los cargos, volvió a colocarse frente al gobernador: exigió pruebas y sugirió motivaciones políticas. Defender el debido proceso era correcto; transformar la soberanía en escudo partidista, no. Durante meses protegió a Rocha. Solo descubrió que representaba un peligro cuando intentó recuperar el cargo sin pedir permiso.
Entonces apareció la súbita epifanía presidencial: “La ambición desnuda del poder por el poder”, escribió Sheinbaum. Curiosa reprimenda en voz de quien llegó a la candidatura después de una campaña anticipada disfrazada de proceso interno, en la cual el Tribunal Electoral confirmó a Morena una multa de 62.2 millones de pesos por gastos no reportados.
“El poder sin principios se vuelve arrogancia”, añadió. Cierto. Pero el poder que estrena principios únicamente cuando un aliado deja de ser útil se llama cinismo.
La carta no llegó cuando surgieron los señalamientos, cuando Sinaloa exigía “¡Fuera Rocha!” ni cuando se presentó la acusación estadounidense. Llegó cuando Rocha desafió el control presidencial. No incomodó su historia: incomodó su desobediencia.
Sheinbaum no desenmascaró al gobernador. Durante años fue su aval, su escudo y su fuente de legitimidad. Hoy pretende convertirse en su juez y borrar el expediente con un regaño.
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Rocha podrá quedar fuera de la gubernatura. Sheinbaum no saldrá de esta historia: la misma mano que lo sostuvo ahora lo señala, pero sigue manchada por cada respaldo.




