Qué consuelo tan grande debe ser para el gobernador Rubén Rocha Moya saber que, entre tormentas políticas e incomodidades mediáticas, siempre hay una mano amiga dispuesta a sostener el timón. Y qué coincidencia tan afortunada que esa mano pertenezca a Andrés Manuel López Beltrán, «Andy», heredero directo del apellido más influyente de Morena.
La narrativa en torno a Rocha Moya ha dado un giro definitivo, dejando ver que desde el Palacio Nacional la paciencia se agotó. Rocha Moya de ser un bastión intocable se convirtió en una figura visiblemente desplazada.
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Rocha Moya sigue resguardado bajo la misma sombra tutelar y que, al final del día, qué bueno que no están solos.





