Aquí se lo he dicho: todos los días y de manera incansable, el presidente Andrés Manuel López Obrador inyecta una dosis de veneno para sus gobernados. Que no se olvide que él es el caudillo, el que lleva las riendas y al que hay que agradecer, por lo menos en su imaginario.
Pero, ante la escasez de resultados, la pérdida de control de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) -que le ha echado a perder sus planes- y el avance del reloj que marcará el fin de esta noche oscura, por lo menos en su capítulo de presidente, sigue la estrategia de dividir y se van a poner más violentos, que conste que hay indicios y advertencias.
Pero ya sabemos, la estrategia que sale de Palacio Nacional se trata de señalar a los que no piensan como el presidente, de perseguir a científicos, periodistas, activistas, ambientalistas, intelectuales y hasta la clase media. Siempre tiene que inventarse enemigos. Y como la oposición partidista le viene chica, ha recurrido a senadores republicanos de Estados Unidos, a la presidente de Perú, Dina Boluarte, y al de Guatemala, Alejandro Giammattei.
Cómo andará la desesperación que no hace mucho advirtió que estábamos listos, por si algún enemigo osara posar sus plantas en nuestro suelo y que todos defenderíamos a la patria. Ese es nuestro López Obrador.
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Algunas de sus declaraciones pueden parecernos graciosas y seguramente hasta se han reído del innato histrión tropical, como aquello de que España debía ofrecer disculpas por la conquista. O la forma en que declaró sobre cómo se obtiene el petróleo. Como sacado de una novela del realismo mágico latinoamericano, nos sorprendió con aquello de los aluxes, la limpia a la “silla presidencial” y hasta con los “detentes” que lo cuidan y lo protegen del Covid-19, que le pegó tres veces.
La gracia de comer garnachas y en fondas, invitar los de chipilín y no hablar de corrido ya se terminó, ante la violencia que vive el país, que cuantifica 154 mil 477 muertos por el crimen. Este ya es el sexenio más violento, ni Enrique Peña Nieto, ni Felipe Calderón dejaron esos números de terror.
El fin de semana pasado, en un video que corrió por las redes sociales, se ve a un comando entrar a un establecimiento del municipio de Tihuatlán en Veracruz y asesinar a sangre fría a cinco hombres y una mujer. Este estado es el que más asesinatos reporta de periodistas, ante la manifiesta indiferencia del gobernador, Cuitláhuac García, que anda muy activo políticamente en la Ciudad de México porque también se le terminará el cargo.
Los chascarrillos ya llegaron al límite ante la violencia que comienza a saltar de las redes sociales a las amenazas directas en las calles, como los plantones que buscan aflojar a los ministros de la SCJN, en particular sobre la ministra Norma Piña, que no es santa de la devoción del edificio contiguo y a la que el jefe del Ejecutivo ha ninguneado.
La embestida es clara y para eso azuzan a sus hordas rabiosas en las redes sociales. Insultos y amenazas en “nado sincronizado”. Otros más, incluso, llaman “narcomarrana” a la ministra y luego se desdicen, como un funcionario de la Secretaría de Energía.
Pero insisto, hay que tener cuidado con los violentos y sus grupos, como los de Cuitláhuac García, a quienes incluso obligaron a asistir al mitin y agredieron a dos comunicadores de Grupo Fórmula, Juan Antonio Jiménez y su camarógrafo, que resultaron lesionados cuando se hacía un pase de lista con los nombres de Joaquín López-Dóriga, Carlos Loret de Mola y otros.
A los reporteros les comenzaron a lanzar objetos, los empujaron hasta que decidieron salir del lugar. Claro que el gran Cuitláhuac no dijo nada, pues ya sabemos que no le gusta el periodismo igual que a su patrón.
Obviamente que de las cuentas de redes sociales de la Presidencia no hubo ni una palabra de condena de aquellos que en el pasado fueron combativos y se solidarizaban cuando sucedía algo así; ahora lo solapan. Además, al estilo de las mafias, pasearon féretros con el nombre de la ministra Norma Piña y esas sí son claras amenazas sobre su integridad.
Las cosas se seguirán calentando como avance la sucesión presidencial y como la SCJN siga haciendo su trabajo, aunque no les guste a los morenos. Insisto, hay que tener cuidado con los violentos que hay en los dos bandos en los que ha dividido el país el presidente. Eso no tiene gracia y nunca falta un imbécil… pero mejor ahí la dejamos.
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Hasta la próxima.