El gobierno de Claudia Sheinbaum ha convertido la “cooperación bilateral” en uno de los conceptos más repetidos durante sus conferencias matutinas.
Cada vez que Washington exige acciones contra el narcotráfico o presiona por resultados en seguridad, la administración federal responde destacando las extradiciones y los acuerdos conjuntos entre ambos países. Sin embargo, detrás de ese discurso oficial comienza a surgir una realidad incómoda: México no ha logrado que Estados Unidos responda con la misma disposición.
La presidenta reconoció recientemente que existen 269 solicitudes de extradición hechas por México que no han sido concretadas por autoridades estadounidenses. De ellas, decenas han sido rechazadas y cientos continúan congeladas en procesos burocráticos sin resolución.
En 12 años de gobiernos neoliberales se construyeron 9 mil camas de hospital, en los gobiernos de la transformación alcanzaremos más de 16 mil, un incremento de 80%.
https://t.co/Yzt0bXjcQx— Claudia Sheinbaum Pardo (@Claudiashein) May 19, 2026
El problema no es únicamente jurídico. También es político. Mientras el gobierno mexicano insiste en presentar la relación bilateral como una alianza de cooperación equilibrada, diversos funcionarios y figuras políticas estadounidenses han endurecido su narrativa contra México, llegando incluso a sugerir que el país opera bajo influencia directa del crimen organizado.
El presidente Donald Trump afirmó en 2025 que México estaba “gobernado en gran parte por los carteles”, mientras que la fiscal estadounidense Pam Bondi incluyó públicamente a México entre los “adversarios” de Estados Unidos debido al tráfico de fentanilo.
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Frente a esas declaraciones, el gobierno de Sheinbaum ha respondido denunciando “calumnias” y defendiendo la soberanía nacional.
