La crisis de la basura en Hidalgo dejó de ser un problema municipal para convertirse en una emergencia regional que exhibe años de planeación insuficiente, infraestructura rebasada y una dependencia excesiva de rellenos sanitarios que hoy se encuentran saturados o al borde del colapso.
El caso más grave se vive en la región Tula-Tepeji, donde el cierre operativo del relleno sanitario regional, ocurrido en marzo de 2026 tras recibir entre 350 y 500 toneladas de residuos al día, dejó sin una alternativa viable a por lo menos 14 municipios de Hidalgo y del Estado de México. La consecuencia inmediata ha sido la interrupción de rutas de recolección, acumulación de basura en espacios públicos y el incremento de prácticas como la quema de residuos.
Las propias autoridades ambientales reconocieron que el relleno operaba en condiciones críticas desde años atrás y que la región carecía de proyectos ejecutivos para sustituirlo.
Mientras tanto, el centro de transferencia de Bomintzhá, en Tula, funciona como una medida de emergencia que también enfrenta constantes saturaciones al recibir más de 300 toneladas diarias, evidenciando que el sistema regional opera bajo esquemas temporales e improvisados.
La problemática no se limita al sur del estado. En la Zona Metropolitana de Pachuca, el relleno sanitario de El Huixmí continúa operando después de tres décadas de servicio y recibe alrededor de 360 toneladas de basura al día.
En Tulancingo, el relleno de Las Lajas mantiene capacidad disponible para los próximos años, pero especialistas advierten que seguir apostando exclusivamente por el confinamiento de residuos representa una amenaza para los mantos acuíferos y ecosistemas estratégicos como la cuenca de Tecocomulco.
Incluso los propios diagnósticos municipales reconocen que los rellenos sanitarios constituyen apenas una solución temporal.
La situación es aún más preocupante en regiones como la Huasteca, la Sierra y el Valle del Mezquital. Municipios como Tianguistengo, Atlapexco y Calnali enfrentan suspensiones de basureros, incendios en tiraderos o la necesidad de trasladar sus residuos a otros estados ante la falta de infraestructura propia.
A ello se suma la proliferación de más de 400 tiraderos clandestinos identificados en Hidalgo, según datos citados por especialistas ambientales. Estos sitios representan riesgos directos para el suelo, el agua y la salud pública, además de reflejar el fracaso de los sistemas formales de disposición de residuos.
Ambientalistas advierten que los rellenos sanitarios del estado se encuentran rebasados y continúan generando contaminación por lixiviados y emisiones de metano, uno de los gases con mayor impacto en el cambio climático. La advertencia es clara: seguir enterrando basura ya no es una solución sostenible.
Frente al colapso de la infraestructura actual, proyectos como el impulsado junto con la Cooperativa Cruz Azul para aprovechar residuos como combustible industrial aparecen como una alternativa, aunque todavía permanecen en fase de análisis y lejos de resolver la emergencia inmediata.
La crisis de la basura en Hidalgo exhibe una realidad incómoda: durante años se apostó por un modelo que hoy muestra señales de agotamiento.
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Mientras los rellenos se saturan, los tiraderos clandestinos crecen y las comunidades enfrentan riesgos ambientales cada vez mayores, las soluciones estructurales siguen siendo una promesa pendiente.




