La tragedia ocurrida durante los festejos por la victoria de México sobre Ecuador en Paseo de la Reforma sigue exhibiendo las consecuencias de un operativo insuficiente. Peritajes oficiales confirmaron que tres de las cuatro personas fallecidas fue por asfixia, mientras que una cuarta perdió la vida por traumatismo múltiple tras quedar atrapada en la estampida registrada la noche del martes.
El caso más dramático fue el de Emilin Yumith Téllez González, de 48 años, quien murió tras sufrir múltiples lesiones al quedar bajo la multitud en el cruce de Río Neva y Paseo de la Reforma, uno de los puntos más saturados de una concentración que reunió a más de 1.4 millones de aficionados para celebrar el pase de la Selección Mexicana.
Emilin acudió al lugar acompañada de su sobrino. Ambos quedaron atrapados en la aglomeración alrededor de las 22:40 horas, cuando la presión de la multitud se salió de control. Su familiar logró ponerse a salvo, pero al notar su ausencia inició una búsqueda desesperada.
“Alcancé a salir y buscaba a mi tía que usa bastón; después de unos minutos vi que estaba debajo de todos y pedí ayuda”, declaró.
Paramédicos lograron rescatarla y trasladarla al Hospital General Balbuena, donde falleció minutos después, a las 00:02 horas, según la carpeta de investigación CI-FIVC/VC-3/UI-2 C/D/00748/07-2026.
Las otras víctimas fueron Joshami Irais Robles Cortázar, de 19 años, y Leonardo Ruiz Manjarrez, de 44, quienes murieron por asfixia mecánica tras ser aplastados durante la estampida.
A ellos se suma Alejandro N, originario de Huixquilucan, Estado de México, cuya necropsia determinó muerte por asfixia por sofocación derivada de la obstrucción de vías respiratorias por contenido gástrico.
Las autoridades confirmaron que los cuerpos ya fueron entregados a sus familiares y que actualmente son velados en distintos puntos de la Ciudad de México y el Estado de México.
Más allá de las necropsias, las muertes han intensificado las críticas contra las autoridades capitalinas y federales por la falta de previsión ante una concentración masiva cuya magnitud era previsible. La ausencia de rutas claras de evacuación, filtros de acceso y perímetros de control ha colocado nuevamente bajo la lupa la capacidad del gobierno de Claudia Sheinbaum y de la administración de Clara Brugada para garantizar seguridad en eventos multitudinarios.
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Lo que comenzó como una celebración nacional terminó convertido en una escena de caos, luto y cuestionamientos que ahora apuntan a la responsabilidad institucional detrás de una tragedia que, para muchos, pudo haberse evitado.
