Juego de ojos: El jardinero que trasplantaba corazones

Miguel Ángel Sánchez de Armas

Juego de ojos: El jardinero que trasplantaba corazones.

Este episodio verdadero tuvo lugar el sábado 2 de diciembre de 1967 en Ciudad del Cabo, Sudáfrica. Denise Darvall, una chica de 26 años, iba a comprar un pastel para su madre y en el camino la atropellaron. Llegó al hospital Groote Schuur con muerte cerebral, pero su corazón estaba sano y seguía latiendo. En la madrugada siguiente el doctor Christiaan Barnard lo trasplantó a Louis Washkansky, un blanco de 53 años que había sido desahuciado, y cambió para siempre la historia de la medicina.

Pero quien llevó a cabo la delicadísima extracción del corazón de Denise sin dañarlo y lo preparó para el trasplante fue Hamilton Naki, un negro sin estudios médicos que aparecía como jardinero del hospital. En aquel siniestro régimen del apartheid, el distinguido doctor Barnard pudo ser echado al calabozo por dejar entrar a Naki al quirófano para blancos y tocar a un paciente rubio de ojos claros.
Así que nadie dijo nada.

El procedimiento fue un éxito. El corazón de la chica comenzó a latir en el pecho de Washkansky. La noticia dio la vuelta al mundo en cuestión de horas. Sudáfrica, aislada por su régimen racial, apareció de pronto en las primeras planas no por el deleznable apartheid, sino por una hazaña médica.

Como suele ocurrir, la historia maquilló el relato. Barnard quedó inscrito como el pionero absoluto de los trasplantes, su nombre se volvió sinónimo de audacia quirúrgica y Naki, el extraordinario cirujano, se fue en pesera a leer la biblia a su choza sin luz ni agua corriente en uno de los arrabales de la ciudad.

Washkansky sobrevivió 18 días. Murió no por fallas del corazón trasplantado ni de la cirugía, sino por una infección. La medicina había resuelto una parte del problema -cómo cambiar el órgano-, pero aún no dominaba del todo la otra -cómo hacer que el cuerpo lo aceptara sin rendirse ante cualquier bacteria.

Hamilton Naki era muy joven cuando llegó a la cirugía. Uno de los profesores del hospital le pidió que dejara de cortar el pasto y lo ayudara a sostener una jirafa en la que estaba operando. El médico vio la destreza del chico y lo pidió para auxiliar en el laboratorio. Eran los tiempos en que se practicaba en animales y muy pronto Naki se hizo experto en cateterización, sutura, intubación, anestesia y cuidado postoperatorio de las bestias. No encontré evidencias de que hubiera operado en leones o hipopótamos, pero sí llevó a cabo trasplantes de hígado en cerdos. Los estudiantes blancos aprendían a su lado cómo suturar, cómo conectar vasos y cómo no perder el pulso en el momento decisivo al manejar el bisturí.

Hay que decir que Barnard, quien se oponía al apartheid, lo respetaba y lo recibía en su casa … siempre que no hubiera peligro de una delación. Pero si llegaban visitas a conocer al autor del primer trasplante de corazón del mundo, a Hamilton lo mandaban al jardín. Cuando a Barnard le dio artritis en las manos, los servicios de Naki se hicieron más importantes.

Fue ascendido a técnico y posteriormente a técnico senior, el nivel más alto que la universidad podía otorgarle bajo las leyes del apartheid. En una entrevista poco antes de su muerte, Barnard lo llamó “uno de los grandes investigadores de todos los tiempos en el campo de los trasplantes de corazón”, y añadió que Naki “era mejor artesano que yo, especialmente cuando se trataba de suturar.”

Hamilton tuvo un papel importante en la formación de los más de tres mil cirujanos que estudiaron con Barnard. Con la derogación del apartheid en 1991 y la asunción de Nelson Mandela a la presidencia en 1994, recibió el reconocimiento que durante tanto tiempo se le negó. La Universidad de Ciudad del Cabo le otorgó en 2002 un título honorario de maestría en cirugía. En 2003, el presidente Thabo Mbeki le concedió la “Orden de Mapungubwe”, uno de los máximos honores del país. Hoy se le recuerda como héroe de Sudáfrica.

En el 2008 Cristina Karrer y Werner Schweizer estrenaron la película Corazón oculto, que narra la verdadera historia del primer trasplante de corazón humano, enfocándose en la relación silenciada por el apartheid entre Barnard y Naki. ¿Los protagonistas? Los mismísimos Christiaan Barnard y Hamilton Naki en los roles que tuvieron en la realidad. Hay que verla.

Este año celebramos el centenario del nacimiento de Hamilton Naki. Vio la primera luz en junio de1926 en Ngcingane, una aldea del Transkei. Para escapar de la pobreza caminó a Ciudad del Cabo y encontró empleo como jardinero en el hospital Groote Schuur. Su familia se quedó en la aldea y él la mantenía con su mísero salario. No pudo costear la educación de sus hijos para que siguieran sus pasos.

De este pasaje luminoso de la medicina, Ángel de la O escribió:

“La cirugía del 3 de diciembre de 1967 no resolvió el problema de la muerte. Lo desplazó. Lo volvió negociable por días, por meses, por años. Introdujo una idea inquietante: que el corazón, ese órgano cargado de metáforas, podía ser desmontado de su simbolismo y tratado como una pieza reemplazable. No sin riesgos, no sin consecuencias, pero sí con una precisión que desafiaba siglos de imaginación.»

“En el mismo país donde un hombre no podía votar por el color de su piel, otro podía vivir unos días más con el corazón de alguien más. Esa tensión no es una anécdota. Es el núcleo de la historia.»

“Porque aquel 3 de diciembre, en Ciudad del Cabo, no solo se trasplantó un órgano. Se trasplantó una posibilidad. Y como todas las posibilidades verdaderas, vino acompañada de una pregunta que sigue abierta: no qué podemos hacer con la vida, sino qué estamos dispuestos a hacer para prolongarla.”

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