Tren Maya se hunde: pierde 27.6 millones de pesos al día

Tren Maya se hunde: pierde 27.6 millones de pesos al día

El Tren Maya no logra despegar financieramente. Por el contrario, durante 2026 profundizó sus pérdidas y elevó nuevamente la presión sobre las finanzas públicas.

Tan sólo en el primer semestre, el proyecto perdió 5 mil 13 millones de pesos, una cifra superior a los 4 mil 810 millones perdidos durante todo 2025.

Además, si mantiene ese ritmo, el tren podría cerrar 2026 con pérdidas cercanas a 10 mil millones de pesos, prácticamente el doble del año anterior.

En promedio, el proyecto perdió 27 millones 697 mil pesos diarios durante los primeros 181 días de 2026.

Así, cada jornada de operación representa otro agujero financiero para un proyecto que el Gobierno federal presentó como detonador turístico y económico del sureste.

Desde su inauguración y hasta junio de 2026, el Tren Maya acumuló 14 mil 104 millones de pesos entre gastos y pérdidas.

De ese monto, 11 mil 878 millones corresponden al funcionamiento, mientras los ingresos por venta de boletos y servicios apenas alcanzaron mil 60 millones.

Es decir, los ingresos representan sólo 7.5 por ciento de lo gastado para mantener en operación el sistema ferroviario.

Por tanto, el problema no parece limitarse a una etapa temporal de consolidación. Los números exhiben una estructura incapaz de cubrir sus propios costos.

Un tren caro para pocos pasajeros

Además, el costo acumulado del proyecto adquiere dimensiones todavía mayores cuando se incorpora la inversión total relacionada con construcción, sobrecostos, gastos y pérdidas.

Los datos disponibles ubican ese monto en 558 mil 104 millones 793 mil 324 pesos hasta el periodo reportado.

En contraste, el Tren Maya transportó 2 millones 665 mil 699 pasajeros entre diciembre de 2023 y julio de 2026.

La división arroja un costo aproximado de 209 mil 365 pesos por pasajero transportado.

Desde luego, esa cantidad no representa el precio del boleto. Sin embargo, sí dimensiona la enorme carga financiera que el proyecto representa frente al número de usuarios alcanzados.

Por otra parte, la operación todavía necesita recursos públicos para sostenerse, mientras los ingresos comerciales permanecen muy lejos de compensar los gastos.

Así, el Tren Maya enfrenta una paradoja difícil de ocultar: necesita transportar más pasajeros para mejorar sus ingresos, pero requiere enormes cantidades de dinero público para seguir funcionando.

Mientras tanto, el Gobierno continúa defendiendo el proyecto como una pieza estratégica para el desarrollo regional.

Sin embargo, los números financieros cuentan una historia mucho menos favorable: pérdidas crecientes, ingresos insuficientes y mayores necesidades de recursos.

Además, las observaciones de fiscalización agregan presión sobre un proyecto que ya carga con un costo extraordinario.

La Auditoría Superior de la Federación detectó pagos en exceso por 87.8 millones de pesos relacionados con obras del Tren Maya.

Por ello, el debate ya no gira únicamente alrededor de cuántos pasajeros utiliza el tren, sino cuánto cuesta realmente mantenerlo funcionando.

Sedena paga millones para descubrir cómo hacerlo rentable

Ante el deterioro financiero, la Secretaría de la Defensa Nacional recurrió nuevamente a la contratación de consultoría.

Sedena adjudicó directamente a Mextypsa un contrato por 17 millones 347 mil pesos para realizar un diagnóstico integral y elaborar un plan estratégico hasta 2030.

El documento deberá estudiar ingresos, costos y gastos de las diferentes líneas de negocio.

Asimismo, analizará pasajeros, carga y servicios complementarios para identificar actividades rentables y aquellas que presentan déficits estructurales.

El problema resulta evidente: después de miles de millones de pesos gastados, el proyecto todavía necesita pagar para determinar cómo puede convertirse en un negocio viable.

Además, Mextypsa ya había recibido contratos relacionados con el Tren Maya sin concurso abierto.

En 2019 obtuvo 59 millones de pesos por asesoría técnica y en 2020 recibió otros 664 millones por el servicio de “oficina de gestión”.

Por tanto, el nuevo contrato agrega otro gasto a una larga cadena de recursos destinados a planear, administrar y ahora intentar rescatar financieramente el proyecto.

Mientras el tren acumula pérdidas millonarias, las consultorías siguen representando negocios de millones de pesos alrededor de su operación.

Así, la pregunta incómoda permanece: ¿cuánto más tendrá que gastar el Gobierno antes de conseguir que el Tren Maya deje de perder dinero?

Millones para promocionar un tren que sigue perdiendo

Pero el gasto no termina en diagnósticos. En 2026, el Tren Maya destinó otros 40 millones 408 mil 264 pesos para promocionar sus servicios.

La campaña incluye ferias, stands, radio, televisión, redes sociales y plataformas de streaming con la intención de atraer nuevos pasajeros.

A principios del año, Sedena asignó directamente 14 millones 546 mil 196 pesos a Creatividad y Espectáculos para diseñar, producir e instalar stands.

El primer espacio promocional apareció en Fitur, en Madrid, mientras otro se instaló posteriormente en el Tianguis Turístico de Acapulco.

Además, desde agosto comenzó la campaña “Tren Maya contigo”, con un costo de 25 millones 862 mil 68 pesos.

La publicidad llegará a Facebook, Instagram, YouTube, TikTok, Netflix, Amazon, Disney y Warner.

Sin embargo, mientras se destinan millones para vender boletos, el sistema continúa generando pérdidas superiores a las registradas durante todo el año anterior.

La contradicción resulta difícil de ignorar: más publicidad, más contratos y más estrategias comerciales, pero también mayores pérdidas.

En lugar de demostrar autosuficiencia, el Tren Maya sigue requiriendo recursos para intentar alcanzar una rentabilidad que todavía no aparece en sus resultados.

El proyecto que consume recursos sin demostrar rentabilidad

Finalmente, las cifras obligan a revisar el discurso triunfalista alrededor del Tren Maya.

El proyecto acumula pérdidas millonarias, registra ingresos modestos y necesita nuevas contrataciones para encontrar soluciones a sus problemas financieros.

Además, el Gobierno pretende fortalecer el transporte de carga como una vía para diversificar ingresos y mejorar el balance económico.

Sin embargo, esa apuesta todavía requiere inversiones y no garantiza que el tren alcance por sí mismo el punto de equilibrio.

Por ahora, los resultados muestran que el Tren Maya funciona principalmente gracias al respaldo financiero del Estado.

Cada nuevo contrato, subsidio y campaña publicitaria aumenta el costo de un proyecto que todavía no demuestra capacidad para sostenerse con sus propios ingresos.

Así, la promesa de convertir al tren en motor económico contrasta con una realidad contable cada vez más difícil de maquillar.

El problema tampoco se resuelve simplemente llenando vagones. Para recuperar semejante inversión, el proyecto tendría que generar ingresos suficientes durante años para reducir una brecha financiera enorme.

Mientras tanto, los contribuyentes siguen absorbiendo el costo de una obra cuyo rendimiento económico permanece muy por debajo de las expectativas oficiales.

En consecuencia, el Tren Maya enfrenta una prueba mucho más seria que aumentar el número de pasajeros: demostrar que puede dejar de ser un gasto creciente para convertirse en una operación financieramente sostenible.

Hasta ahora, los números no respaldan esa promesa.

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Más bien, muestran un proyecto que, mientras acumula pérdidas, continúa necesitando dinero público, contratos millonarios y nuevas estrategias para intentar justificar su viabilidad.

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