Las declaraciones del secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, encendieron nuevamente las alertas diplomáticas en América Latina luego de afirmar, junto al presidente Donald Trump, que Washington “va a la guerra contra los cárteles”, bajo una estrategia regional que ya comienza a perfilar un endurecimiento militar sin precedentes en el hemisferio.
Durante una reunión de gabinete en la Casa Blanca, acompañado por el secretario de Estado, Marco Rubio, Hegseth aseguró que la prioridad de la administración estadounidense es combatir a los grupos criminales mediante la llamada “Coalición Americana Contra los Cárteles”, integrada por al menos doce países del continente. México, sin embargo, no forma parte de dicha alianza.
🚨🇺🇸“Vamos a la guerra contra los cárteles”, afirma Pete Hegseth en reunión de gabinete con Trump.
El secretario de Guerra de Estados Unidos destacó así la Coalición de las Américas contra los Cárteles. pic.twitter.com/Fc9IkurP4R
— Azucena Uresti (@azucenau) May 27, 2026
El discurso del funcionario estadounidense no sólo elevó el tono político, sino que dejó entrever una visión militarizada de la seguridad regional. Hegseth presumió que Estados Unidos “aseguró” su frontera suroeste y planteó ahora una ofensiva frontal contra los cárteles, en un contexto donde la administración Trump ha insistido en catalogar a estas organizaciones como amenazas equivalentes a grupos terroristas internacionales.
La narrativa de “guerra” revive viejos fantasmas en la relación bilateral con México, especialmente por el historial de intervenciones estadounidenses en América Latina bajo argumentos de seguridad. Aunque Hegseth evitó mencionar directamente a México, el mensaje ocurre en medio de crecientes presiones desde Washington para endurecer acciones contra el narcotráfico y reforzar la cooperación militar en la región.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha insistido en que existe una relación de cooperación “especial” con Estados Unidos debido a la vecindad y a la integración económica entre ambos países. Sin embargo, las recientes declaraciones del gabinete trumpista colocan a México en una posición incómoda: colaborar bajo los términos de Washington o resistirse a una estrategia que podría vulnerar principios de soberanía nacional.
Analistas internacionales han advertido que el lenguaje belicista utilizado por Trump y Hegseth podría abrir la puerta a operaciones extraterritoriales o a una mayor presencia militar estadounidense en América Latina. De hecho, en meses recientes la administración republicana ha defendido ataques militares contra embarcaciones vinculadas al narcotráfico, justificándolos como parte de una “guerra” contra los cárteles.
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El endurecimiento del discurso también coincide con el contexto electoral estadounidense, donde Trump ha convertido el combate al narcotráfico y la migración en uno de los ejes centrales de su narrativa política. Para sectores críticos, la retórica de “guerra” no sólo busca proyectar fuerza, sino también alimentar una agenda de seguridad que históricamente ha servido para justificar medidas unilaterales y ampliar el poder militar estadounidense en la región.
