La guerra entre Rusia y Ucrania volvió a golpear un objetivo estratégico para el Kremlin. La refinería de Omsk, la mayor de Rusia y principal productora de gasolina del país, suspendió sus operaciones tras sufrir un ataque con drones ucranianos, en una acción que evidencia el creciente alcance de la ofensiva de Kiev sobre infraestructura energética ubicada incluso en el corazón de Siberia.
De acuerdo con fuentes del sector energético, el ataque provocó daños en la unidad de destilación de crudo CDU-10, responsable de alrededor del 38 por ciento de la capacidad de procesamiento de la planta, equivalente a unas 24 mil 580 toneladas diarias. La instalación se incendió durante el impacto, obligando a detener las operaciones mientras se evalúan los daños.
🇷🇺 🇺🇦 | Ucrania atacò con drones la refinería de petróleo de Omsk, la más grande de Rusia, ubicada en Siberia a unos 2.500 kilómetros de la frontera, provocando un gran incendio y graves daños en las unidades principales de procesamiento de crudo.pic.twitter.com/lA1nfwfxvi
— Mundo en Conflicto 🌎 (@MundoEConflicto) July 6, 2026
El representante del presidente ruso, Anatoly Seryshev, confirmó que las instalaciones de la refinería resultaron afectadas, aunque aseguró que no hubo trabajadores lesionados. Indicó que ya se realizan inspecciones técnicas y labores de reparación, sin precisar cuándo podría reanudarse la producción.
La interrupción de actividades en la refinería de Omsk representa un nuevo desafío para el mercado energético ruso. La planta es considerada un eje clave para el abastecimiento interno de combustibles, por lo que su cierre temporal podría profundizar la escasez de gasolina y diésel que Rusia ha enfrentado en distintos periodos desde el inicio del conflicto.
Como reflejo del impacto inmediato, la refinería dejó de ofrecer gasolina y diésel en la Bolsa Mercantil Internacional de San Petersburgo desde el martes, según registros del propio mercado.
El ataque, considerado uno de los de mayor alcance ejecutados por Ucrania desde que comenzó la invasión rusa hace más de cuatro años, confirma el cambio de estrategia de Kiev, que busca afectar la capacidad logística y económica de Moscú mediante ataques a instalaciones petroleras cada vez más alejadas de la línea del frente.
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La ofensiva también pone en evidencia la vulnerabilidad de la infraestructura energética rusa, pese a los esfuerzos del Kremlin por reforzar su defensa aérea. Mientras la guerra entra en su quinto año sin señales de una solución negociada, ambos países continúan escalando acciones contra objetivos estratégicos, con efectos que trascienden el campo de batalla y amenazan la estabilidad de los mercados energéticos.
