La ruptura comercial entre Estados Unidos y Canadá eleva la incertidumbre sobre el futuro del T-MEC y complica cualquier intento de negociación regional.
Además, Estados Unidos ya aplica aranceles de 50 por ciento a unos 20 mil millones de dólares en productos canadienses.
Canadá, por su parte, anunció represalias de hasta 50 por ciento contra mercancías estadounidenses, con vigencia prevista para septiembre.
México enfrenta un escenario más complejo
Ante este choque, Roberto Zapata, exrepresentante de México ante la OMC, pidió revisar cuidadosamente la estrategia mexicana.
Según el especialista, Canadá demostró que no aceptará cualquier condición impuesta por Estados Unidos durante las negociaciones comerciales.
Por ello, México debe asumir que cualquier entendimiento bilateral con Estados Unidos podría necesitar posteriormente respaldo canadiense.
Asimismo, el desencuentro obliga al Gobierno mexicano a calibrar su estrategia bilateral y evitar compromisos que después dificulten un acuerdo trilateral.
La Secretaría de Economía sostiene que el T-MEC continúa vigente hasta 2036 y contempla revisiones anuales entre los tres socios norteamericanos.
Sin embargo, la disputa actual evidencia que mantener vigente el tratado no garantiza estabilidad comercial ni elimina las presiones arancelarias.
Trump endurece el tablero comercial
Por otro lado, Alejandro Garza, director de inversiones y fundador de Aztlan Equity, consideró que México ha manejado con mayor eficacia su relación con Donald Trump.
El especialista sostuvo que la negociación exige entender directamente al mandatario estadounidense y sus métodos de presión comercial.
Además, destacó que México mantiene una posición relevante como socio comercial de Estados Unidos, mientras Canadá enfrenta una confrontación cada vez más severa.
El conflicto, sin embargo, contradice cualquier expectativa de una revisión sencilla del tratado y aumenta los riesgos para las cadenas productivas regionales.
De hecho, Washington elevó la presión al anunciar nuevos aranceles de 50 por ciento para vehículos, autopartes y acero canadienses desde enero de 2027.
Cadenas productivas quedan bajo presión
Mientras tanto, México mantiene una integración profunda con Canadá y Estados Unidos mediante industrias automotrices, electromecánicas y electrónicas.
Por consiguiente, una guerra comercial prolongada podría encarecer insumos, alterar inversiones y afectar cadenas productivas que dependen del comercio intrarregional.
Además, el sector automotriz enfrenta uno de los mayores riesgos, debido a la integración transfronteriza de plantas, proveedores y componentes.
México, por ello, necesita mantener abiertos los canales diplomáticos con Canadá y Estados Unidos sin quedar atrapado en la disputa.
La prioridad debe consistir en proteger el acceso preferencial de las exportaciones mexicanas y preservar las reglas regionales.
México debe evitar una apuesta riesgosa
En este contexto, la confrontación entre sus socios coloca a México ante una disyuntiva delicada: avanzar bilateralmente sin fracturar el acuerdo trilateral.
Aunque la tensión podría generar oportunidades para México, también puede convertirse en una amenaza si Estados Unidos utiliza la disputa canadiense para endurecer sus condiciones.
El fracaso de las negociaciones demuestra, además, que acuerdos aparentemente cercanos pueden romperse por diferencias de última hora.
Por ahora, México debe aprovechar su posición comercial sin asumir que el conflicto entre Estados Unidos y Canadá necesariamente jugará a su favor.
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En suma, la pelea entre Estados Unidos y Canadá complica la revisión del T-MEC y obliga a México a negociar con mayor cautela.
