El hallazgo de un narcotúnel que conectaba Tijuana, Baja California, con San Diego, California, mostró los constantes anuncios de operativos, decomisos y estrategias de seguridad, las organizaciones criminales continúan desarrollando infraestructura sofisticada para mantener sus operaciones a lo largo de la frontera entre México y Estados Unidos.
Excavación, tipo túnel subterráneo, fue localizada gracias trabajos de inteligencia de elementos de la @FGR_AIC, en la ciudad de #Tijuana, Baja California. De acuerdo con las investigaciones, el túnel, posiblemente utilizado para el trasiego de droga, conecta con una calle en… pic.twitter.com/UIPhVnzKrN
— FGR México (@FGRMexico) May 31, 2026
De acuerdo con autoridades federales, la construcción clandestina tenía aproximadamente 250 a 265 metros de longitud y una profundidad superior a los seis metros.
El túnel contaba con iluminación, ventilación y un sistema mecanizado para facilitar el traslado de personas y mercancías, lo que evidencia una planeación compleja y una inversión considerable de recursos. Durante el cateo también fueron aseguradas dosis de droga, cartuchos útiles, teléfonos celulares y diversa documentación.
Si bien la Fiscalía General de la República destacó el aseguramiento como un golpe a las redes de tráfico transfronterizo, el descubrimiento también genera cuestionamientos sobre la capacidad de vigilancia en una de las zonas más monitoreadas del país.
Resulta difícil ignorar que una obra de estas dimensiones requirió meses de excavación, instalaciones eléctricas, sistemas de ventilación y logística especializada sin ser detectada oportunamente.
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Más preocupante aún es que no se trata de un caso aislado. La zona de Tijuana y San Diego ha sido históricamente utilizada para la construcción de túneles clandestinos destinados al trasiego de drogas, armas y personas.
