Mientras la FIFA promociona la Copa Mundial de Futbol 2026 como una celebración global sin precedentes, especialistas y estudios ambientales advierten que el torneo podría convertirse también en el evento más contaminante en la historia del deporte, debido al gigantesco impacto climático derivado de vuelos, consumo energético, infraestructura y movilización masiva de aficionados.
El futbol, considerado el deporte más popular del planeta, mantiene una relación cada vez más conflictiva con el medioambiente. La construcción y operación de estadios, el traslado de selecciones y aficionados, el uso intensivo de energía y agua, así como la enorme generación de residuos plásticos y alimentarios, han convertido a la industria futbolística en una fuente importante de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).
Investigaciones recientes revelan que durante la temporada 2018-2019 de la Premier League inglesa, el 61 por ciento del impacto ambiental provino únicamente del transporte utilizado por clubes y aficionados. Ese patrón se ha repetido en las últimas Copas del Mundo, aunque ahora la escala será mucho mayor.
Desde hace décadas, los mundiales han dejado una pesada huella climática. Alemania 2006 generó unas 250 mil toneladas de dióxido de carbono; Sudáfrica 2010 disparó la cifra hasta 1,65 millones de toneladas; Brasil 2014 registró que el 83 por ciento de sus emisiones provinieron de viajes aéreos y terrestres; mientras que Rusia 2018 alcanzó el 74 por ciento.
Sin embargo, el Mundial de Futbol de 2026 apunta a romper todos los récords negativos. Por primera vez participarán 48 selecciones y el torneo será organizado simultáneamente por Estados Unidos, Canadá y México, con sedes dispersas a lo largo de miles de kilómetros y cuatro zonas horarias distintas.
La logística aérea detrás del torneo anticipa un escenario ambiental alarmante. Equipos, árbitros, médicos, cuerpos técnicos, patrocinadores, medios de comunicación y millones de aficionados dependerán prácticamente del transporte aéreo para desplazarse entre ciudades tan distantes como Vancouver, Miami, Toronto, Guadalajara, Seattle o Boston.
Una selección podría jugar en Toronto, trasladarse después más de 3 mil 500 kilómetros hacia Los Ángeles y posteriormente recorrer otros miles de kilómetros hasta Seattle o Boston. A ello se suma que muchas sedes carecen de sistemas eficientes de transporte público, lo que incrementará el uso de automóviles particulares y autobuses.
Las proyecciones estiman que la Copa Mundial de 2026 generará al menos 9 millones de toneladas de dióxido de carbono, equivalentes a las emisiones anuales de 6,5 millones de vehículos británicos. Otras estimaciones elevan la cifra de emisiones derivadas únicamente de vuelos hasta 15 millones de toneladas de CO₂.
El desafío ambiental no terminará fuera de las canchas. Dentro de los estadios también se prevén condiciones extremas debido al calor. El torneo se jugará en junio y julio, meses caracterizados por altas temperaturas en América del Norte, lo que incrementará los riesgos de estrés térmico, golpes de calor y deshidratación para jugadores, árbitros y aficionados.
Puntos clave sobre el impacto ambiental de eventos deportivos:
- Infraestructura y construcción: nuevos estadios y carreteras implican consumo masivo de materiales y energía.
- Transporte internacional: millones de aficionados y equipos viajan en avión, aumentando las emisiones.
- Consumo energético: iluminación, refrigeración y transmisión global requieren grandes cantidades de electricidad.
- Residuos y contaminación: plásticos, comida y merchandising generan toneladas de basura.
Algunos expertos proponen que los futuros torneos adopten estrategias de sostenibilidad como estadios reutilizables, transporte público gratuito y compensación de carbono.
De las 16 sedes mundialistas, al menos 10 presentan riesgo muy alto de registrar temperaturas extremas. Ciudades como Houston, Arlington y Monterrey podrían superar incluso los límites de seguridad establecidos por la propia FIFA, obligando a implementar pausas obligatorias de hidratación y sistemas intensivos de climatización.
Paradójicamente, ese esfuerzo por combatir el calor implicará un consumo energético masivo en estadios y centros de entretenimiento, profundizando un círculo vicioso: el cambio climático obliga a utilizar más energía y ese mayor consumo energético acelera aún más el calentamiento global.
A pesar de las promesas públicas de sostenibilidad, la FIFA enfrenta fuertes cuestionamientos por la falta de avances reales en materia climática. Durante la COP26 de 2021, el organismo prometió reducir sus emisiones de GEI en 50 por ciento para 2030 y alcanzar emisiones netas cero en 2040 mediante 18 acciones específicas.
Hasta ahora, únicamente dos de esas acciones han sido completadas.
Las críticas también apuntan a los patrocinadores oficiales del Mundial 2026. Entre ellos destacan compañías como Aramco, considerada una de las mayores emisoras históricas de gases contaminantes; Coca-Cola, señalada constantemente como uno de los principales contaminadores plásticos del planeta; y Qatar Airways, cuya operación depende en gran medida de vuelos internacionales de larga distancia.
Aunque la FIFA cuenta con un presupuesto cercano a los 11 mil millones de dólares para el periodo 2023-2026, organizaciones ambientales consideran que el problema no es la falta de recursos, sino la ausencia de transparencia, gobernanza y rendición de cuentas frente a sus compromisos climáticos.
El futbol posee una influencia global única, con cerca de 5 mil millones de aficionados alrededor del mundo. Precisamente por ello, expertos advierten que el deporte más popular del planeta enfrenta hoy una contradicción histórica: mientras moviliza emociones y millones de personas, también amenaza con profundizar una crisis ambiental que ya afecta directamente a ciudades, atletas y aficionados.
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La Copa Mundial de 2026 no solo pondrá a prueba a las selecciones dentro de la cancha. También exhibirá hasta qué punto el espectáculo deportivo más grande del planeta está dispuesto —o no— a asumir su responsabilidad frente al cambio climático.
