Las expectativas oficiales sobre el impacto turístico de la Copa Mundial de 2026 en México quedaron muy por encima de la realidad. De los 5.5 millones de visitantes que se estimaba recibirían las sedes mundialistas, únicamente arribaron alrededor de 850 mil turistas, de acuerdo con el Consejo Nacional Empresarial Turístico (CNET).
El presidente del CNET, Antonio Cosío, cuestionó la metodología utilizada para proyectar la afluencia de visitantes y señaló que las previsiones gubernamentales estuvieron completamente alejadas de los resultados finales.
«Hay que preguntarle al Gobierno de dónde sacaron esos datos, fueron demasiado altos. Los números reales son muy inferiores a los que había comentado«, afirmó.
Los datos también reflejan que el Mundial no logró traducirse en un incremento significativo en la ocupación hotelera de las principales ciudades sede. Un análisis del Centro de Investigación Avanzada en Turismo Sostenible de la Universidad Anáhuac Cancún reveló que Guadalajara registró una caída de siete puntos porcentuales respecto a junio de 2025, al ubicarse en 56 por ciento de ocupación.
Monterrey también reportó una disminución de 5.8 puntos, con una ocupación de 53.5 por ciento, mientras que la Ciudad de México descendió dos puntos para cerrar junio con 56.5 por ciento.
Pese a los resultados por debajo de lo esperado en materia de visitantes y hospedaje, Francisco Madrid, director del Centro de Investigación Avanzada en Turismo Sostenible de la Universidad Anáhuac, consideró que el mayor beneficio del torneo fue el posicionamiento internacional del país.
Afirmó que la justa mundialista fortaleció la imagen de México como destino turístico y recordó que, aunque existieron preocupaciones en algunas sedes, como Guadalajara, donde incluso se habló de posibles cancelaciones, el evento demostró la capacidad del país para organizar un torneo de alcance global.
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Las cifras finales evidencian, sin embargo, una marcada diferencia entre las expectativas promovidas antes del Mundial y los resultados obtenidos, reabriendo el debate sobre el sustento de las proyecciones oficiales y la necesidad de evaluar con mayor rigor el impacto económico real de los grandes eventos internacionales.




